Puede decirse que la de ellos es una historia como la de cualquier otra pareja: dos personas se conocen, se enamoran, salen por un tiempo, se desenamoran y finalmente se alejan. Sin embargo, para quienes fueron testigos de su relación este resumen carece del dolor y la autodestrucción, y es que ambos eran de tomar decisiones complicadas.
Para la mayoría todo comenzó en casa de un amigo, pero los más cuidadosos hablan sobre un encuentro lejos de Santiago como el comienzo del "idilio". Después de todo, para quienes prefieren el romanticismo aquella noche entregaba una escena perfecta que conjugaba la primera noche de Primavera, la Luna Llena y el mar bramante. Tras esa noche todo parecía hablar de un romance perfecto.
Perfección es la palabra que cambiaría todo, y es que uno de ellos creía poseerla e intentaba proyectarla también en el otro, y mientras sus ambiciones crecían también lo hacía la necesidad de que fuera su pareja quien las satisfaciera convirtiendo la relación en una tortura tanto para ellos como para quienes les rodeaban. Pero a pesar de la complejidad, su decisión era permanecer juntos.
Durante dos años se extendió la situación, pero al abrir los ojos ante la imperfección del otro, aquel que se creía perfecto trató de bajar el perfil a la relación. Durante el día nada había ante ellos –a pesar que todos podían leer más allá de la falacia "perfecta"–, mientras que por la noche la pasión volvía a morar en su desidioso corazón. La contraparte deseaba terminar el suplicio al que era sometido, pero tanto cuestionarse sobre el futuro hacía atractiva la idealista posibilidad de una noche eterna.
Fue necesario un último y definitivo gesto de petulancia para que quien se sabía imperfecto se alejara finalmente en una tarde de Noviembre. Fueron necesarios varios meses de desprecio para que quien se creía perfecto asumiera de una vez que el otro ni siquiera soportaba ya su presencia.
Miles de kilómetros los separan hoy, pero más es la distancia en su corazón.
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