14.4.06

Parte 1: Amor infantil

El pasado domingo cayó en mis manos una copia de la revista Mujer, así que comencé a hojear sus páginas coloridas y llenas de publicidad. Casi al final de la publicación encontré el horóscopo y, golpeado por la curiosidad, leí la parte sobre mi signo zodiacal que cito a continuación:
"Se ha cerrado totalmente en lo emocional, aunque no con algunos íntimos que comprenden su lucha. Ábrase a las posibilidades que le esperan tan pronto se dé cuenta que la vida no está acabada. Créalo o no, es sólo el principio."
Ahora, aunque admito la completa trivialidad que caracteriza los pronósticos astrológicos en este tipo de medios, las palabras parecen ajustarse al momento que estoy viviendo. Por ello la cita es motivo suficiente para continuar mi revisión, recordando algunos momentos de mi vida.

Antes de la mayoría de edad mantuve una actitud perspicaz hacia las emociones. Sin embargo, no estaba buscando seriedad en mis relaciones sino la oportunidad de explorar el mundo femenino a través de quienes, en ese instante, estaban comenzando a descubrirse a sí mismas como mujeres y ya no como niñas. Por ello es que una volátil atracción parecía suficiente para iniciar una relación, así que ocasionalmente estaba acompañado –era además muy sencillo ser notado, pues estudié en un colegio de niños en un barrio de colegios de niñas.

Reconozco que estas conquistas fueron mayormente un juego para mí, necesario para mi aprendizaje emocional y explotado al máximo en mi deseo de conocer a las mujeres (y a mí mismo en el proceso). Fue gracias a este amor infantil, inmaduro que comencé a descubrir sus fortalezas y debilidades, sus imperfecciones y la apatía que muchas de ellas muestran incluso por tratar de superarlas. Y es este error lo que me hizo perder la habilidad de ser sorprendido por ellas, aunque unas pocas mujeres que lo han logrado se han ganado mi profundo y sincero respeto.

Aun cuando me he escudado tras esta premisa me he decepcionado muchas veces, pero también me he sentido decepcionado de mis acciones porque nunca he hecho algún esfuerzo real para traer a mi memoria aquellos pequeños detalles que me llevaron a ellas. Tristemente las estereotipé, y lo hago otra vez hoy con renovadas intenciones ya que reconozco en todas ellas una parte importante de mi vida.

Gracias, niñas.

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