Esto del ahorro energético es un verdadero cacho para quienes sufren de episodios crónicos de creatividad al caer la noche. En mi caso, deben ser las tres de la mañana y me ha resultado demasiado complicado quedarme dormido por estar releyendo tantos relatos que he escrito, incluso uno que otro que me ha tocado inspirar. Es así que en esta fría noche de Abril, mientras otros se entregan sin chistar al alcohol y la pachanga de fin de semana, he decidido encender algunas velas para reflexionar y escribir hasta que el sueño me invada.
Como puede suponerse a partir de la lectura del párrafo anterior, es precisamente sobre mis escritos que va este posteo. Después de todo, tanto lo publicado en mis blogs como en los borradores inconclusos que penan sobre mi escritorio no son más que el reflejo literario de los que está sucediendo en mi vida: lo general, lo específico, pensamientos, sueños, anhelos. Eso sí, en esta oportunidad me detendré con mayor profundidad en los relatos, en la prosa que estalla en http://crudaprosapoetica.blogspot.com porque es en este medio de expresión, más que en cualquier otro escrito, donde están representados los oscuros secretos de mi inconsciente. Para aclararlo más, la mayor parte de las intensas y crudas tramas que envuelven esas historias encuentran inspiración en recuerdos de algo que he enfrentado, a veces incluso de simples golpes emocionales que llegan al ver en el espejo el reflejo de mis ojos.
Toda esta reflexión vio su génesis hace tres semanas, al oír de boca de uno de mis habituales lectores que se había dado el tiempo de repasar uno de mis relatos de ficción – pero no por ello carente de un dolor desgarrador capaz de arrancar más de una lágrima. Y fue hacia esto último que apunto su comentario, y sobre el mismo debo decir que me he acostumbrado a las críticas de otros bloggeros, al constante apaleo ante mi opción por la sobrevalorada trama del amor inconcluso, inalcanzable, inoportuno... en resumen, a que casi la totalidad de mis relatos versen sobre amores imposibles.
Con esta última declaración he llegado entonces al momento más complejo de esta reflexión: admitir que tengo un problema – por más que de algún modo creo que hace bastante tiempo que he venido reconociendo su existencia al escribir. En estos momentos, eso sí, el lado más complejo en la actualidad es andar creyendo que el amor no es más que una ilusión, un imposible, un sentimiento tan frágil que no hace más que romperse al ser tocado por nuestras torpes, inmaduras, crudas emociones. Ante este razonamiento es que me siento un discapacitado del amor, boicoteando consciente e inconscientemente cuanta oportunidad romántica surja en mi camino, por nimia que esta sea. Es decir, en un mundo donde los hombres somos de Marte y las mujeres son de Venus el problema no es que sepa hablar venusino (lengua que hablo fluidamente), sino que me niego a hacerlo. Numerosas razones he utilizado para cerrarme a la posibilidad de amar, tales como optar por concentrarme en los estudios, el amor por la camiseta, generar estereotipos imposibles de encontrar, e incluso algunas tan humorísticas como desafortunadas como "no se puede confiar en un animal que sangre por cinco días y no muera". Por desgracia, estas situaciones me están arrastrando a lo que más temo e la vida: acostumbrarme a la soledad.
Hasta hace algún tiempo la sublimación de estas emociones era la única forma que ellas se expresaban, pero hoy ha llegado a reinar en mí la apatía. Creo, en estos momentos, que ninguna mujer sería capaz de moverme el piso... quizás sea cierto que todas las mujeres son iguales, pero no cuando la vista es nublada por el amor, el sentimiento que hoy por hoy se presenta muy lejano.
A pesar de ello, deseo buena suerte a la mujer que quiera conquistarme pues sé que será una ardua labor.
Hasta hace algún tiempo la sublimación de estas emociones era la única forma que ellas se expresaban, pero hoy ha llegado a reinar en mí la apatía. Creo, en estos momentos, que ninguna mujer sería capaz de moverme el piso... quizás sea cierto que todas las mujeres son iguales, pero no cuando la vista es nublada por el amor, el sentimiento que hoy por hoy se presenta muy lejano.
A pesar de ello, deseo buena suerte a la mujer que quiera conquistarme pues sé que será una ardua labor.