10.7.06

Volás de cloro de una noche de invierno

'Sé cuidarme,' me contestó ella al insistir en que tuviese cuidado esa noche.

Pero eso dicen todas y después las vemos llorando. Y a veces nosotros lloramos con ellas, consumiéndonos en un mar de lágrimas se vuelve tan inmenso como el mismo mundo.

Una y otra vez he visto repetirse la historia...

...y volvemos a llorar como si no hubiese futuro (pero el futuro está ahí).

...y volvemos a maldecir que no somos felices (pero la felicidad está ahí).

...y volvemos a sufrir como si el Amor no existiese (pero el Amor está ahí).

Cuan difícil es ver lo que está más cerca de nuestros ojos, cayendo con facilidad en el engaño de los sentidos... y nos desencantamos ...y nos desilusionamos.

Los malos siempre ganan, he llegado a creer... pero lo cierto es que los malos sólo ganan cuando los buenos no se hacen ver, los malos sólo ganan cuando los buenos no hacen nada por detenerlos.

Así es en todo... así es con todos...

9.7.06

Un perfecto atardecer

El día se acerca a su fin, disipándose en un apacible, silencioso crepúsculo. Es ahora que el sol ha hecho una entrada espectacular (luego de estar ausente gran parte del día), ahora que debe comenzar a perderse en el horizonte; pero por vez primera no será mi intención presenciar el final de su viaje por los cielos del puerto –al menos no directamente. Frente a mis ojos se presenta una belleza aún mayor.

Nuestras miradas se cruzan y temo romper la intensa sensación que me provocas pronunciando palabra alguna; sin embargo, mi sinceridad no suele aguardar. Mientras las olas rompen contra la arena en su infinita rutina las palabras escapan de mi boca.

'Dudé mucho que vinieras,' admito, sin dejar de observar tus ojos. 'Tu mirada, tu sonrisa, tu compañía hacen que desaparezcan las decepciones. Me has traído mucha alegría.'

Ante mi comentario, tu mirada se aleja tímidamente de la mía para observar la puesta de sol.

El momento que esperaba ha llegado –

Tus mejillas han tomado el mismo tono arrebol de las nubes, cuando son tocadas por los últimos rayos de luz de este día. El reflejo de la puesta de sol en tus ojos dan un aura misteriosa a la imagen que tanto he deseado observar al recordarte en mis solitarios atardeceres porteños.

El sol ha abandonado el cielo. Comienza una suave llovizna. Tras besarte te invito a caminar.



Es el atardecer perfecto.

3.7.06

(Perdido en) Tus Ojos

Un número desconocido de páginas se ha desvanecido ante el fantasma de la disconformidad, producto quizás de una inusual baja creativa o la dificultad de expresar mis sentimientos. Borrador tras borrador ha sido corregido, intentando ya con desesperación que las palabras siquiera se acerquen a la perfección de aquéllo que las inspira. Doy una dura batalla para que mis escritos logren ser más que una serie de frases clichés bien hiladas por mi pericia, opacando en parte el presente texto que pronto estará a tu disposición para ser leído –quizás con frialdad, quizás con ilusión, quizás con tus mejillas ligeramente sonrosadas– y espero signifique tanto.

No recuerdo con precisión la noche de otoño en que por primera vez nuestras miradas se encontraron, ni tampoco puedo asegurar si fue desde ese instante que con detención observé tus ojos. Pasaría bastante tiempo antes que dejásemos de lado la formalidad de los discursos de dos desconocidos sin la real necesidad de conocerse y aún así, de algún modo, tus ojos estaban ahí, esperando que abandonara la negligencia que mostrase hacia ellos, aguardando para convertirse en parte importante de pensamientos invasores de mi diaria rutina.

He decidido dar un paso más con mis palabras, no para quitar tu mirada de mi mente sino para hacer manifiesto el lugar que ella ocupa. Hay en ella un aura misteriosa, mágica, intensamente atractiva que me motiva a dedicar una apología. Si bien podría ser mayor el deseo por perderme en tus labios, en tu piel, en tu vida, pero tu mirada posee una fuerza incontrarrestable.

Inútil es resistirme a tu mirada...
Basto una mirada para ser conquistado (¿es necesario algo más?), para sentir la inmensa necesidad de continuar observando tus ojos y entrar en ellos buscándote, descubriendo lo que ocultas, lo que te hace ser tú, especial y única. Y nada más quiero hacer, nada más que perderme en tu mirada, refugiarme en ella mientras aprendo de ti.

Nada puedo hacer ya. He caído en el embrujo de tu mirada – y porqué no decirlo, he caído embrujado por ti.

Estoy perdido... perdido en tus ojos.