| Franklin Richards y Lockjaw |
Tal como mencionara en el posteo anterior, por estos días me estoy dando el tiempo para pensar en algunas cosas que ocurren en mi vida. Es así como me apresto a escribir algunas líneas sobre algo que para la mayoría puede parecer muy ñoño, pero para mí tiene un significado especial y así como creo lo tiene también para algunas personas que han sido tocadas por el aspecto que resulta equivalente en el mundo "real". Quizás sea por el reciente estreno de la serie Héroes que he optado por este camino para facilitar la comprensión de mis pensamientos.
| Una generación discriminada... Generation X |
¿Quién no quiso ser un héroe cuando niño? Por lo menos yo sí. Y no me refiero a ser bombero o uno de los pocos Carabineros honestos de este país, sino a uno de esos de la DC (no esa DC, sino la editorial DC Comics) y especialmente de Marvel. Al ir sumando años también lo hacían los problemas y mis ganas de parecerme a alguno de esos hombres que habitan las páginas de las historietas. Pero ya habían dejado de llamar mi atención los todopoderosos hombres de acero, que fueron violenta y merecidamente remplazados por los atormentados, los perseguidos, los que ven su misión tambaleando en el límite entre la justicia y la venganza, los que cometen errores, lo que lloran... los que finalmente son como yo.
Nacería este seudónimo, el alter ego que esperó por mucho tiempo ver la luz, un hombre que se deja controlar por sus sentimientos y su instinto, que no tiene miedo de mostrar sus emociones, temores, esperanzas y deseos más oscuros, un ser capaz de expresar la complejidad de su mundo con la simpleza de la palabra. En los cuentos puedo ver la maldad encarnada romperse bajo la violencia de mis manos, desatando la muerte sobre aquellos que han herido a quienes me rodean, disfrutar el camino del beso en su paso desde la inocencia a la concupiscencia o simplemente sentir sin la censura de mis pares.
| Blade, caminante diurno |
Pero siguiendo esos caminos llegamos a los cuestionamientos, a buscar el heroísmo donde parece haber desaparecido. Me he dado cuenta que no puedo ser un héroe, sino que he seguido el camino del antihéroe, un hombre que persigue la justicia a partir de su propio sufrimiento y el de los inocentes pero no llegará a ella más que por el dolor y la muerte de quienes pervierten al mundo. Y Connor Owen Riley no es más que una obvia reacción a un mundo viciado en el que la maldad parece ganar siempre y sus seguidores no tienen problemas al vivir con sus culpas, disfrutando ante las lágrimas y la sangre. Soy ese antihéroe que goza ante la destrucción de quienes trajeron la destrucción al mundo, un verdugo que hace justicia a través de sus palabras creando un mundo donde la maldad es más fuerte – pero también lo es su castigo.
Pero vuelvo ahora a la vida real, a preguntarme si además de poder crear estos mundos paralelos tengo yo algún poder. Y sea para bien o para mal, me han dicho que sí lo tengo. El poder que algunos han visto en mí es absorver el dolor de los demás, empatizar con el sufrimiento para poder ayudar a quienes me rodean. Claro que no he aprendido a manejarlo sin que ese dolor ajeno se quede en mi alma, desgarrándome, torturándome por no haber podido evitarlo y no ser capaz de hacer más que dar una palabra de apoyo o un simple consejo, cosas que en ocasiones no parecen más que frases clichés.