16.3.07

Cazador y cazadora

Me he preguntado esto desde la primera vez que te vi como mujer, pero la verdad es que nunca tuve el tiempo para pensar seriamente (si acaso eso es posible) sobre lo que tienes que es capaz de cautivar mi atención tan fieramente. He decidido finalmente darme el tiempo, no sólo para esto sino también para evaluar lo que pasa a mi alrededor.

Partiré diciendo que quienes realmente me conocen están conscientes que hay un tipo de mujer que me resulta atractiva. No es necesario ser Sherlock Holmes para descubrir que tú encajas en gran medida con el estereotipo, por lo que ya tienes mi mirada puesta sobre ti; sin embargo, debo ser honesto y admitir que esto no es más que una capa superficial del asunto, necesaria para conquistar mi atención pero sólo un primer paso en el camino.

Continuando con mi análisis, es tiempo que mencione algo que viene de tu lado de la cancha, algo que difícilmente puedes negar. Eres extremadamente coqueta, incluso cuando te escucho decir que no quieres que yo lo sea también. De hecho, es muy difícil encontrar las palabras que podrían explicar cuan sensual puedes ser realmente (pero prefieres dejar ese lado oculto). Después de ese comentario puedes estar segura que mis ojos están fijos en ti, pero también siguiendo cada uno de tus movimientos.

Aün en tu lado de la cancha –como si esto fuese un partido de fútbol–, me referiré a tus palabras. Siempre he sido curioso sobre los detalles de tus palabras, especialmente porque es la más engañosa de las expresiones humanas. Eres la primera en decir que no nos volvamos locos con esto, pero también la primera en negar que existe "algo" entre nosotros. Eso me enfurece tanto que me gustaría saber qué es real en tu vida y qué no; así que no sólo observo, además te presto mucha atención. Ahora ya estamos lejos de la superficie de este innombrable asunto.

Hablando de palabras, también hay algo en tu voz. Aunque usualmente tienes una voz muy agradable, hay momentos en que ella se vuelve encantadora. Lo cierto es que prefiero oírla entonces, al  acariciar tu cuello o cuando estamos a punto de besarnos. Y esperar que uses esa dulce voz es razón suficiente para hablar por horas y acurrucarte entre mis brazos.

Hay algo más, algo que apenas puedo sentir a un nivel consciente. Está en tu piel, en tu perfume, en tus labios, y no puedo descubrir qué es. Quizás es algo más instintivo, tan instintivo que carece de nombre, y ya sabes que estoy condenado a buscarlo. Además, creo que también puedes sentir que ese algo está en mí y al parecer tampoco quieres dejarlo ir.

El asunto es que me siento atraído por ti, por lo que no es fácil estar cerca tuyo (excepto cuando eres una verdadera bruja, como ayer), aun cuando realmente me agrada, linda. Así que eso sería. Al menos lo entiendo –aunque no por completo– y eso es más de lo que tú puedes decir. Sólo resta una pregunta... ¿tú que tienes que decir?


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PS: nunca he entendido la hipocresía de los cristianos, especialmente tú. Así que mejor te golpeas más fuerte con tu roca en el pecho antes de seguir hablando estupideces sobre mí... el infierno también aguarda a quienes mienten y discriminan a otros, por lo que creo que te veré ahí.

12.3.07

Otra más de Transantiago

Para quienes aún no lo han probado, me decidí a escribir una vez más sobre la novedad del año: el Transantiago. Tras dos noches sufriendo con la ineficiencia del plan maestro de transporte de Santiago aquí van los resultados.

Domingo, cerca de la medianoche:
Mientras cruzo la Alameda a la altura de la calle Exposición para tomar locomoción rumbo a casa, dos buses del recorrido 401 se detienen en el paradero obligándome a correr. A pesar de las notorias señas que hago desde el bandejón central –que fueron vistas con rostro sonriente por los "operadores profesionales" de las máquinas–, ambos troncales retoman su recorrido hacia la Plaza de Maipú. 'Me pasa por caballero,' pensé al tiempo que me resignaba a seguir esperando.
Un rato después abordé el "tiburón" (un conocido bus pirata) sin remordimiento alguno, puesto que quería llegar a casa de una vez y esperar el siguiente bus 401 sería eterno. A la plaza llegué sin problemas, entertenido con la fauna nocturna que subía al bus ilegal y esperando que la segunda parte del trayecto fuera más tranquila.

Ya en la Plaza de Maipú, y con todos los trabajos que se están realizando para la construcción del metro, me acerqué a la caseta de in-seguridad ciudadana para preguntar por donde pasaba el taxi colectivo. Sin embargo, la joven de la caseta me informó que dentro de 15 minutos podría tomar el bus de acercamiento, puesto que pasaba cada media hora... ¡y así fue! Sorprendido aún por la eficiencia de este servicio anexo llegaba a casa sin problemas a apenas 40 minutos de arribar al paradero.


Sábado, quince minutos tras la medianoche:
Bajé del auto de Bruno en la esquina de Alameda y Cienfuegos, a pasos del paradero a Maipú. Con la garganta apenas por el resfrío, los brazos cansados por mezclar música y sin nada de suerte tras el carrete, pasaron veinticinco minutos hasta la aparición del bus del recorrido 401. Sin embargo, a pesar de estar en la parada correcta, el conductor hizo caso omiso a la veintena de personas que hacía señas para detenerlo. Minutos después, un segundo bus del mismo recorrido hacía lo mismo que su predecesor.

Mención especial debo hacer sobre Carabineros de Chile, que apostados a apenas metros del paradero en una "zapatilla" nada hicieron ante la falta cometida por los "operadores profesionales" al meterse por la raja las reglas del juego que nos impuso el Gobierno. Seguramente como no habia nadie a quien golpear, se quedaron muertos de la risa dentro de su vehículo ante la desesperación de los abandonados usuarios. Como si no fuera suficiente, con la patrulla ahí ningún bus pirata se detendría, así que estábamos todos condenados no a las obligaciones laborales sino a la "buena voluntad" de los choferes.

A la una recibí un llamado avisándome que me pasarían a buscar para evitar más riesgos, así que me senté a esperar. Los "amigos en su camino" se retiraron a la una veinte, por lo que quienes esperaban en el paradero pudieron al fin subir a un bus pirata. Diez minuto más tarde me subía al auto, sin voz, con hambre y mucho sueño.

*****

Con todo esto no me ha quedado mucho espacio para dudas sobre la ineficiencia del "plan maestro de transporte". Por ejemplo, ¿de qué sirve tener buses de acercamiento que toda la noche funcionan con puntualidad inglesa si a muchos no nos es posible llegar a ellos más que en los ilegales buses pirata? ¿De qué sirve la existencia de paraderos diferidos si de todos modos los operadores harán caso omiso de los mismos de acuerdo a su estado de ánimo? Tomando en cuenta que en la hora y fracción que pasé en el paradero de Alameda y Cienfuegos sólo pasaron los recorridos 210 y el mentado 401, ¿cómo hacen los habitantes de Pudahuel para llegar a sus casas a esa hora, tanto quienes trabajan como quienes carretean?

Si aún no crees que Transantiago es una mierda tienes que ser muy "laguista" o muy hueón (o ambas).

11.3.07

De sujeto a objeto (y viceversa)

Estoy consciente de haber dicho que no me pasaría rollos, pero en honor a la verdad debo reconocer que sólo he jugado a ocultar mis cuestionamientos. Cansado ya de los juegos, escribo ahora para reconciliarme y encontrar algo de paz en este montón de líos mentales que me complican tanto. Y aquí va.

El pasado domingo tomé una decisión sin siquiera pensar acaso era correcta o incorrecta, sino en los réditos que me traería en el corto plazo. Me negué a la posibilidad de proyectarme más allá de la atracción que me provocaba un juego conocido y tentador, de satisfacción momentánea y fugaz.

Quizás mis palabras sonarán a mina, pero tras esta decisión he llegado a sentirme más como un objeto que como una persona – y no debería hacerlo. Soy responsable de las opciones que he tomado y de sus consecuencias, pero preferiría extender la duración de las cosas buenas que traen mis decisiones... todas mis decisiones, no sólo ésta.

Resulta extraño descubrir cómo aquellas cosas que nos resultan más triviales pueden reflejar todo el mundo de problemáticas que nos rodean y cómo nos sentimos respecto a ellas. A partir de un hecho nimio he podido entender que por más que me permita ser espontáneo e irresponsable en ocasiones, finalmente el deseo de estabilidad se ha fortalecido con el correr de los años.

Es cierto, tras lo ocurrido me he sentido como un objeto. Sin embargo, desde esa posición he tenido el tiempo para redescubrirme como sujeto, como un mejor sujeto. Y en cualquier caso, ahora es mi turno de jugar.

A veces hay que arrojarse al vacío... las alas pueden crecer mientras caes.