Para quienes aún no lo han probado, me decidí a escribir una vez más sobre la novedad del año: el Transantiago. Tras dos noches sufriendo con la ineficiencia del plan maestro de transporte de Santiago aquí van los resultados.
Domingo, cerca de la medianoche:
Mientras cruzo la Alameda a la altura de la calle Exposición para tomar locomoción rumbo a casa, dos buses del recorrido 401 se detienen en el paradero obligándome a correr. A pesar de las notorias señas que hago desde el bandejón central –que fueron vistas con rostro sonriente por los "operadores profesionales" de las máquinas–, ambos troncales retoman su recorrido hacia la Plaza de Maipú. 'Me pasa por caballero,' pensé al tiempo que me resignaba a seguir esperando.
Un rato después abordé el "tiburón" (un conocido bus pirata) sin remordimiento alguno, puesto que quería llegar a casa de una vez y esperar el siguiente bus 401 sería eterno. A la plaza llegué sin problemas, entertenido con la fauna nocturna que subía al bus ilegal y esperando que la segunda parte del trayecto fuera más tranquila.
Ya en la Plaza de Maipú, y con todos los trabajos que se están realizando para la construcción del metro, me acerqué a la caseta de in-seguridad ciudadana para preguntar por donde pasaba el taxi colectivo. Sin embargo, la joven de la caseta me informó que dentro de 15 minutos podría tomar el bus de acercamiento, puesto que pasaba cada media hora... ¡y así fue! Sorprendido aún por la eficiencia de este servicio anexo llegaba a casa sin problemas a apenas 40 minutos de arribar al paradero.
Sábado, quince minutos tras la medianoche:
Bajé del auto de Bruno en la esquina de Alameda y Cienfuegos, a pasos del paradero a Maipú. Con la garganta apenas por el resfrío, los brazos cansados por mezclar música y sin nada de suerte tras el carrete, pasaron veinticinco minutos hasta la aparición del bus del recorrido 401. Sin embargo, a pesar de estar en la parada correcta, el conductor hizo caso omiso a la veintena de personas que hacía señas para detenerlo. Minutos después, un segundo bus del mismo recorrido hacía lo mismo que su predecesor.
Mención especial debo hacer sobre Carabineros de Chile, que apostados a apenas metros del paradero en una "zapatilla" nada hicieron ante la falta cometida por los "operadores profesionales" al meterse por la raja las reglas del juego que nos impuso el Gobierno. Seguramente como no habia nadie a quien golpear, se quedaron muertos de la risa dentro de su vehículo ante la desesperación de los abandonados usuarios. Como si no fuera suficiente, con la patrulla ahí ningún bus pirata se detendría, así que estábamos todos condenados no a las obligaciones laborales sino a la "buena voluntad" de los choferes.
A la una recibí un llamado avisándome que me pasarían a buscar para evitar más riesgos, así que me senté a esperar. Los "amigos en su camino" se retiraron a la una veinte, por lo que quienes esperaban en el paradero pudieron al fin subir a un bus pirata. Diez minuto más tarde me subía al auto, sin voz, con hambre y mucho sueño.
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Con todo esto no me ha quedado mucho espacio para dudas sobre la ineficiencia del "plan maestro de transporte". Por ejemplo, ¿de qué sirve tener buses de acercamiento que toda la noche funcionan con puntualidad inglesa si a muchos no nos es posible llegar a ellos más que en los ilegales buses pirata? ¿De qué sirve la existencia de paraderos diferidos si de todos modos los operadores harán caso omiso de los mismos de acuerdo a su estado de ánimo? Tomando en cuenta que en la hora y fracción que pasé en el paradero de Alameda y Cienfuegos sólo pasaron los recorridos 210 y el mentado 401, ¿cómo hacen los habitantes de Pudahuel para llegar a sus casas a esa hora, tanto quienes trabajan como quienes carretean?
Si aún no crees que Transantiago es una mierda tienes que ser muy "laguista" o muy hueón (o ambas).
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