Estoy consciente de haber dicho que no me pasaría rollos, pero en honor a la verdad debo reconocer que sólo he jugado a ocultar mis cuestionamientos. Cansado ya de los juegos, escribo ahora para reconciliarme y encontrar algo de paz en este montón de líos mentales que me complican tanto. Y aquí va.
El pasado domingo tomé una decisión sin siquiera pensar acaso era correcta o incorrecta, sino en los réditos que me traería en el corto plazo. Me negué a la posibilidad de proyectarme más allá de la atracción que me provocaba un juego conocido y tentador, de satisfacción momentánea y fugaz.
Quizás mis palabras sonarán a mina, pero tras esta decisión he llegado a sentirme más como un objeto que como una persona – y no debería hacerlo. Soy responsable de las opciones que he tomado y de sus consecuencias, pero preferiría extender la duración de las cosas buenas que traen mis decisiones... todas mis decisiones, no sólo ésta.
Resulta extraño descubrir cómo aquellas cosas que nos resultan más triviales pueden reflejar todo el mundo de problemáticas que nos rodean y cómo nos sentimos respecto a ellas. A partir de un hecho nimio he podido entender que por más que me permita ser espontáneo e irresponsable en ocasiones, finalmente el deseo de estabilidad se ha fortalecido con el correr de los años.
Es cierto, tras lo ocurrido me he sentido como un objeto. Sin embargo, desde esa posición he tenido el tiempo para redescubrirme como sujeto, como un mejor sujeto. Y en cualquier caso, ahora es mi turno de jugar.
| A veces hay que arrojarse al vacío... las alas pueden crecer mientras caes. |
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