26.4.06

Parte 10: Niña/Mujer

Por más meses que pasen aún me es difícil entender las razones por las que fijé mi mirada en el menudo cuerpo de la Peque. Mejor dicho, lo sé y son bastante evidentes, pero la motivación posterior que me llevó a profundizar el análisis a su carácter más allá de la superficialidad que posee la mirada masculina me resulta compleja de comprender. Quizás verbalizarlo haga más simple su entendimiento, pero estoy predipuesto a proseguir con mi confusión.

Si no falla mi memoria, ella aparecería junto a las lluvias del pasado año, mi temporada predilecta pues durante el invierno el niño que mora en mí aprovecha de escapar cada vez que es posible del yugo de la madurez para saltar despreocupadamente sobre las pozas de agua. Y precisamente estaba en eso cuando choqué con su mirada altanera mientras caminaba hacia mí haciéndose la interesante –recordándome también a otra mujer, de la que ya he escrito–, obligándome a responder de manera similar.

Encuentros así se repitieron por algunas semanas, logrando que ella se convirtiera en una nueva prueba a superar y con mi mirada intentando recorrer su cuerpo mas terminando irremediablemente enfrentando sus ojos. Eso hasta que consideré que llegaba el instante de romper el hielo (como si tal fuese posible con ella), por supuesto a través de un desafío en que tras el muro de petulancia de su ojos se llegaron a expresar muchas otras emociones: rabia, frustración, alegría, incluso admiración. El mutuo descubrimiento vendría posteriormente.

Por desgracia la decepción creció con el correr de los días al descubrir que vivía en la ambigüedad de quien no desea madurar. Bastaría sólo con rozar sus labios para que la niña saliese a la superficie y dejase de ser interesante la mujer. Me alejé de ella, si bien sentía comodidad en su compañía.

Este año ella sigue rondando por ahí, pero si actitud desidiosa ya no me cautiva, como si hubiese aumentando y ella quisiese ser aún más inmadura... y yo ya no estoy para eso.

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