19.4.06

Parte 6: Desenmascarado


Salir con la hermanastra de la Venezolana me significó extraños réditos al año siguiente, pues de la nada mi nombre comenzó a sonar más que antes en su colegio. Y debo reconocer que junto a ello, como una forma de hacer frente a los conflictos que se me presentaban, mi actuar se volvió errático y superficial –una combinación explosiva–, y si bien ya era ex-alumno acostumbraba ir al colegio a buscar a mi hermano menor, así que me volví parte del paisaje del barrio al esperar junto a mi automóvil antiguo que difícilmente podía pasar desapercibido.

Con creciente frecuencia era invitado a diversas actividades por las chicas que estudiaban en el sector, llegando a conocer a muchas personas que, con su aún más superficial modo de ser, me mostraron que en realidad yo no era como ellos y no podía seguir fingiendo. Pero también es cierto que gracias a esas invitaciones conocí a quien me ayudaría a ponerme de pie.

Recuerdo que ella solía observarme desde la distancia, tratando de ocultar su cuerpo espigado y frágil, el largo cabello negro cayendo sobre su espalda. Cuando finalmente estuvo frente a mí me sentí conmovido por su mirada inocente, desconcertado por encontrar a alguien así mientras enfrentaba crudos momentos.

Al acercarse el invierno comencé a perderme cada vez más en sus delicados labios, lo que probé por vez primera una fría noche de Junio; sin embargo, no podía dejar de preguntarme cómo estar con ella cuando mi carácter parecía endurecerse por minuto y ella seguía siendo una niña. Me resultaba difícil continuar a su lado, tratándola casi como a una hermana menor y no como pareja, por lo que decidí alejarme.

Un año más tarde intentamos retomar la relación, pero ninguno era ni volvería a ser como antes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario