21.4.06

Parte 7: Enemigos/Amantes

La fría lluvia comenzó a caer violentamente sobre las grises calles de Santiago.
Sin siquiera pensar en quienes a su alrededor corrían en busca de refugio, una pareja permanecía de pie sobre el lodo que comenzaba a formarse en mitad de la Plaza Brasil, mirándose como si nada importase, nada más que el profundo desagrado que parecía ocasionarles la presencia del otro.

La conocí una tarde de Junio, hace casi siete años, y el choque entre ambos fue tan violento que nadie fue capaz de ignorar la tensión que provocaban. Después de todo, dos presencias antagónicas tan orgullosas rara vez pueden compartir el mismo espacio.

Con el correr de los meses nos resultaba cada vez más complejo ocultar las soberbias miradas que escudriñaban cada imperfección del adversario – pero sobre aquel enconado análisis empezaba a construirse la mutua admiración. De alguna manera, y superando el fastidio causado por su provocativa estampa, me vi reflejado en esos ojos imposibles de doblegar y en su sonrisa cruel, propia de quien ha aprendido a corta edad acerca de las dificultades de la vida. Mientras me dejaba cautivar por su rostro pecoso, su largo cabello castaño y su actitud ególatra y devastadora, no lograba expurgar el creciente anhelo por tenerla, poseerla, subyugar sin misericordia alguna su orgullo, y sin preocuparme tampoco de pasar violentamente sobre quien se interpusiese entre mi instinto y mi presa.

El destino, sin embargo, parece no carecer de ironía y no dudó en poner obstáculos que me hiciesen contener (al menos por un tiempo) el horrible deseo de hacer que esa voluntad tan majadera se sometiera a mis caprichos. Si bien yo había salido recientemente de una relación, para ella las cosas eran distintas puesto que estaba en mitad de una. Y como si no fuese suficiente, lo que realmente entorpecía la consecución de mi lujuriosa ambición era que la persona con quien ella salía no podía ser otro que mi hermano menor, por lo que consciente que no podríamos ocultar por mucho tiempo más los crecientes deseos hice todo lo posible por alejarlos, lográndolo apenas unas semanas después.

En cuanto ella estuvo sola pudimos someternos a la tortura de oírnos por horas para conocernos, proceso que no fue tan terrible como previamente imaginé. De hecho, lo que en su momento fuera una competencia por doblegar al otro se convirtió en una carrera por conquistarnos y pronto estábamos saliendo, sin importar la palabra de aquéllos que no dudaron en criticarme por haber traicionado a mi hermano, a mi sangre, pues obtuve lo que quise y lo estaba disfrutando al máximo.

Pero por más que los deseos se hagan realidad, siempre llegará la medianoche. Al acercarse mi ingreso a la universidad los ánimos fueron cambiando y Febrero trajo consigo el fin de nuestra relación.

Hemos permanecido en contacto intermitente. En nuestro último encuentro me contó que se había casado y tenía una pequeña hija...
 ...poco quedaba de la persona orgullosa que un día conocí.

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