Me he dado cuenta durante las últimas semanas (aunque antes ya lo sospechaba) de lo recurrente que es para la mayoría de las féminas que conozco el declarar a ojos cerrados que todos los hombres somos iguales. Aunque en honor a la verdad debo confesar que también he caído en generalizaciones similares al referirme a ellas, tal como hago yo en estos momentos no han sido pocas las ocasiones en que ellas saltaron con dientes y uñas a declamar contra mis palabras. Y de igual manera se vuelve necesario reconocer que la tendencia a generalizar tiene su fundamento en rasgos que parecen inherentes a cada género, algunos de los cuales serán tocados tangencialmente en las siguientes líneas.
Aclaro desde ya que he decidido partir mi escrito proponiendo el uso de la palabra casi antes de los comentarios y así evitar afectar a las excepciones exitentes en los bandos en disputa. Mis palabras estarán dedicadas entonces a casi todas las mujeres, aunque quizás también a más de alguna fémina excepcional y casi perfecta.
Comienzo por declarar que en ningún caso soy uno de esos defensores acérrimos del pensamiento de Jung, pero de todas maneras coincido con el psiquiatra suizo en parte de sus propuestas al notar que no son pocas las mujeres que fundamentan su vida sentimental en la búsqueda de una pareja que se ajuste a los parámetros de la figura paterna que tuvieron en su infancia. Esto en teoría no parece tan terrible, pero a la hora de evaluarlo en la práctica bien sabemos que los padres están lejos de ser perfectos y nadie les ha enseñado a enfrentar la midlife crisis o crisis de la edad "madura", momento en que muchos hombres se convierten en idiotas o, incluso, verdaderos hijos de puta (si acaso no lo eran antes). Siguiendo con esta línea de pensamiento vemos como, sin siquiera reparar en los hombres buenos que haya a su alrededor, ellas salen con hombres que asemejan la figura paterna en la ya mencionada crisis – la vemos una y otra vez con idiotas, aunque con mayor frecuencia con hijos de puta.
Estas mujeres tienen además la pésima costumbre de contar con un amigo cercano al que le cuentan todo, incluso estando conscientes que el amigo en cuestión busca involucrar otros sentimientos en su relación. En este mundo alterno vemos el surgimiento de un acostumbrado tipo de frases, esto al momento en que se refugian en el amigo en busca de consejo y cariño. Ejemplo de ello es la torpe, pero tremendamente frecuente '¿por qué no salgo nunca con hombres como tú?'. Típico es también ver como dentro de las confesiones y cuestionamientos que hacen aparecer justificaciones para seguir babeando por los patanes, en especial de parte de aquéllas que apelan al amor que sienten por tales hombres –aunque en realidad tiene más atisbos de dependencia–, momento en que el fiel consejero apela al amor propio de su sufrida amiga, listando incluso todas las características negativas; sin embargo, por más que las mujeres aludidas lleguen a reconocer tal falencia, finalemente terminan volviendo con las alimañas que tienen como pareja/pololo/marido o saliendo con otro peor.
Pero tambien existe otro tipo de mujer también afectada por esta extraña variación del mentado Complejo de Elektra, con la misma actitud que actualmente muestro y basada en similares frustraciones. Estas últimas, de la misma forma que piensan que todo los hombres son igual de patanes que sus padres suelen predecir que cualquier relación en la que se embarquen terminará en fracaso, hecho que se vincula con las muchas veces inexitente proyección de familia que poseen basada en el fracaso de sus propias familias. Este escollo defensivo es quizás más difícil de superar que el vicio anterior, ya que las mujeres que se acostumbraron a escudarse tras él se enfrentan fieramente a la noción de estar erradas. Para ellas, el lazo entre hombres y mal se superpone en todo momento a la simple idea de verificar la existencia de hombres buenos, aunque sea el mismísimo Spider-Man quien esté antes sus ojos. Las intenciones de un hombre bueno les resultan sospechosas ('algo malo debe tener'), una visión negativa que necesita del proceso de ensayo y error para ser superada, acción algo riesgosa que no están dispuestas a ejecutar.
Tras este brevísimo análisis no quedaría más que reafirmar la decisión tan controversial de no aproblemarme ante las mujeres. Después de todo, con tanto lío psicológico que tengo en la cabeza es mejor seguir esperando a una fémina excepcional que me provoque mariposas en el estómago y hormigueos en la piel antes que sacrificar tiempo y esfuerzo tratando de lidiar o solucionar sus conflictos existenciales.
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