24.6.06

Sonrisa maldita

Detenido finalmente por los gritos de horror.

Alzo las manos percibiendo mi carne desnuda, sangrante. La piel se ha gastado por golpear cuanto se puso por delante –el frío aire nocturno, las negras baldosas del pasillo, su rostro, su cráneo, sus mentiras.

Aquel rostro destrozado es incapaz ya de mostrar la sonrisa con que solía humillar a quienes le rodeaban. Ninguna palabra sale de su boca para engañar a los más incautos. Sus ojos no brillan más por la infinita ambición. Mis manos escurren la sangre de ambos.

Mientras soy levantado por brazos desconocidos le escupo a la cara (lo que queda de ella), haciendo más indigna su caída. Y nadie quiere mirarlo, todos los ojos están sobre mí.

En la multitud está ella. Su mirada permanece fija en la mía, cómplice mas temorosa de aceptarlo. Esta victoria me pertenece por más que fuese por ella que se gestara.

Camino y nadie se atreve a detenerme. No se pronuncia ningún susurro acusatorio, como si al fin todos aceptasen la paz que traerán mis acciones. Mis manos ensangrentadas, heridas, culpables, devastadoras empujan con violencia la puerta del baño y luego se entregan a la difícil tarea de abrir la llave del agua a pesar del dolor sentido.

Como puedo mojo mi rostro, pero al levantar la vista no me reconozco en el espejo. Es él, riendo mientras lavo mis lágrimas e intento poner fin a la amargura y la rabia que me invaden. Alguien me detiene a abalanzarme sobre él...
...lo veo desvanecerse tras la puerta sonriendo.

...tras la puerta contigua ellas también llora...
Una vez más mi mente ha jugado con mis deseos.

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