...entre 80 y 100 kilómetros. O al menos esa fue la conclusión a la que llegamos con una amiga al discutir el tema el sábado pasado.
Desde luego hablábamos sobre distancias y no tamaños. Y para ser más claro, la idea era plantearnos la distancia perfecta que debe existir entre la casa de la pareja y la propia cosa que ni la cercanía ni la lejanía volvieran la relación un infierno. Y aunque para la mayoría pueda resultar algo exagerado (y más de alguno considere que es poca distancia), tras una larga conversación llegamos a encontrar tanto cómodo como lógico respetar estos valores.
Para explicar la idea a quien aún no la entiende es mandatorio hacer una pregunta: ¿quién ha sentido alguna vez que la bruja o el psicópata de turno está absorviendo todo su tiempo y/o lo paquea sin motivo aparente cada cinco minutos? Si en este preciso momento la o lo tienes retándote porque estás en Internet en lugar de dedicarle tiempo, evítate problemas y no te atrevas a responder con una frase que no sea 'no, amor, yo soy feliz contigo'. Si no es así, entonces puedes reconocer abiertamente que es una soberana lata que las cosas se hayan puesto tan mal y que es bastante ingenioso tener la capacidad de sobreponer la distancia a una potencial falta de espacio y libertad.
Pero al tener de 80 a 100 kilómetros pueden evitarse además esas inesperadas llegadas que, si bien pueden ser placenteras en ocasiones, la mayor parte del tiempo interrumpen un instante de descanso, estudio, trabajo o incluso gorreo. Con tanta distancia entre ambos tu pareja no querrá pegarse un pique tan largo y no encontrarte en casa, así que llamará antes de su visita dándote al menos uno o incluso dos horas para ordenar la casa, esconder a el o la amante, cocinar algo rico para recibirle y echarse una manito de gato (o un zarpazo de tigre en algunos casos).
Como ven, a pesar que la idea está creada desde nuestra realidad también puede servirle a más de uno de ustedes...
No hay comentarios:
Publicar un comentario