Lo he mencionado con anterioridad: hay ocasiones en que ser el tipo en que todos confían al momento de enfrentarse a un problema emocional puede resultar frustrante. Muchos no entienden esta frustración porque se supone que uno ve las cosas desde afuera, pero para quienes somos más empáticos resulta complejo no tomar estos problemas como algo personal... y también los fracasos que derivan de ellos. Y en estos momentos me preparo a afrontar un par de esos.
Algo que usualmente me ha incomodado en este "negocio" de la consejería es enfrentarme a personas que si bien buscan una y otra vez mis palabras, terminan siempre haciendo todo lo contrario y vuelven luego heridos esperando consuelo o cualquier frase cliché que no se asemeje a un "te lo dije". Y como no le toman el peso a lo mucho que uno termina involucrándose, no entienden que con sus acciones también es uno quien sufre.
Tras miles de consejos entergados, he llegado a darme cuenta en terreno de la certeza del dicho que declama que el hombre es el único animal que comete dos veces el mismo error – por dar un número. Supongo que a algunos no les basta chocar con la muralla un par de veces, así que continúan azotándose contra ésta hasta que les cae encima. Y el problema es que al caer el muro, los ladrillos alcanzan a todos quienes intentan evitar que la personita aquella siga autoflagelándose.
Eso sí, hay que reconocer que esta situación ha ocurrido mayormente en las mujeres que me solicitan ayuda, pero a pesar de lo que podría pensarse esto no depende de la emocionalidad. Por el contrario, una de las personas más sensitivas que he conocido en el último tiempo (por más que ella diga que racionaliza todo) ocupó el fondo de uno de mis consejos para dejar atrás aquello que le impedía seguir siendo ella.
En la esquina opuesta está la mujer pragmática, la que parece tener respuesta para todo, que pone siempre lo racional antes que lo emocional y que finalmente me hace pensar que busca más una reafirmación del error cometido que un consejo para superarlo. Sin embargo, y quizás por estar poco acostumbrada a interactuar con sus sentimientos, es precisamente la que suele tropezar repetidamente con la misma piedra y caer más estrepitosamente, sufriendo más por ello como producto –he llegado a creer– de haber visto truncada su madurez emocional por potenciar el desarrollo racional.
Ése es el estereotipo de mujer que más me ha llegado a complicar...
...y que este verano parece duplicarse.
Me preparo para las lágrimas que vendrán, por más que ellas intenten censurarlas, y dispuesto esta vez a obviar las frases clichés para clavar en sus corazones un doloroso "te lo dije" que las haga entrar en razón de una vez... las espero pronto...
No hay comentarios:
Publicar un comentario